lunes, 22 de abril de 2013


Hemos analizado como se encontraban las escuelas públicas de San Fernando en los primeros años del siglo XX, según el informe del inspector,[1]. Cuando la Junta Local de Instrucción recibió el mencionado informe la réplica de su presidente José Cellier Ortega, sería inmediata:
“… las escuelas no están bien pero no con el pesimismo que manifiesta el señor inspector…Respecto a lo manifestado de la escuela de San José no se puede estar conforme con lo dicho pues los excusados tienen cónicos sinfónicos y poniéndole una mampara que tape el cristal queda bien… En cuanto que no asisten niños a las escuelas públicas porque van a las privadas no se puede estar conforme con el parecer del señor inspector. A las escuelas públicas van los niños, algunos descalzos y otros hasta sin camisa. A las privadas no van ninguno de esta forma y los padres que tienen medios para ello no creen conveniente o no lo estiman oportuno que sus hijo asistan a las públicas donde asisten los otros niños…”
            Sin embargo, a la Junta no le extrañaría el informe de la escuela de los Franciscanos[2] porque Manuel Terrones, maestro que la regentaba  había enviado previamente y por escrito la situación de la misma:
“El local dedicado a la escuela carece  de las más elementales condiciones higiénicas reclamadas a los edificios escolares por los pedagogos más exigentes. Tratase de un local sombrío, casi lóbrego, rodeado de altas paredes que impiden la llegada a la escuela de los rayos de sol; totalmente desprovisto de patios que pudieran utilizarse para el recreo de los pequeños alumnos, estrictamente reducido a un salón largo y estrecho de ventilación insuficiente, en el que me veo obligado a retener a un centenar de niños durante largas horas…”.
            Desde luego el panorama de las escuelas públicas de San Fernando en esta época era de lo más desalentador. No obstante, se reacciona tratando de paliar un problema que, sin duda, dolía a la sociedad isleña y que había descrito José Cellier en su contestación al inspector cuando mencionaba que a la escuela pública van los niños, algunos descalzos y otros hasta sin camisa. En efecto, se funda la Mutualidad. Era una sociedad que la constituía de una parte, niños o jóvenes alumnos y, de otra, personas adultas que con su dinero, trabajo o influencia contribuían al fomento de las instituciones de enseñanza.
            El acto  fundacional de la Mutualidad se realizaría en el Teatro de las Cortes el nueve de febrero de 1915[3]. Su presidente era el Presbítero D. Pedro González y su vicepresidente el  maestro Enrique Jiménez Cuenca.
            Entre los fines de la Mutualidad estaban:
Fundar cantinas escolares donde hallen indispensable alimento corporal los niños, que por su extrema pobreza, dejan de asistir a clase, privándose así del pan espiritual de la educación e instrucción porque la ley de la necesidad corporal, mas imperiosa que la que establece la enseñanza obligatoria, los impele a buscar el sustento material fuera de la escuela; y colonias escolares de vacaciones cuyo fin es procurar la regeneración de la raza `por la cultura física y la vida colegiada de los niños pobres y raquíticos en `pleno campo o en salutíferas playas durante las vacaciones escolares.
            Además concedía bonificaciones pecuniarias a los niños que se distinguían por su comportamiento o por su perseverancia en asistir a la escuela.[4]
            Esta Mutualidad estaba sujeta a las disposiciones legales vigentes en la época, en materia de Asociaciones y Seguros[5], y trató de llevar la justicia social a aquellos individuos menos favorecidos socialmente. Sería introducida en España por el Ministerio de Instrucción Pública después de haber tenido éxito en algunos países europeos como Francia, Bélgica o Alemania.



[1] Ver el  artículo del 15 de abril.
[2] Recordamos que esta escuela había dejado de pertenecer a la Orden religiosa y era ya un local de propiedad municipal.
[3] La reseña apareció en el Correo de Cádiz del 10 de febrero.
[4] Páez Fernández M, Crónicas de Educación. 1992, pp. 64-65
[5] Real Decreto del Ministerio de Instrucción Pública de 7 de julio de 1911. Reglamento aprobado por orden del propio Ministerio de fecha 11 de mayo de 1912.

lunes, 15 de abril de 2013


            En el artículo anterior comentamos el estado en el que se encontraban las escuelas privadas en San Fernando en los primeros años del siglo XX. Veamos en éste como estaban las públicas y para ello, también analizaremos el oficio que el inspector de educación Antonio Ballesteros envió a la Junta de Instrucción Primaria de la Ciudad[1].
“…el local que ocupa la escuela de niños de San José no reúne las condiciones higiénicas, como se ha podido observar, pues los retretes están dentro de la clase y con las calores pueden dar lugar a enfermedades que se deben evitar…”
            Me pregunto cómo el maestro, Santiago Díaz Escolar que así se llamaba, era capaz de impartir la docencia con los sonidos escatológicos que necesariamente habría durante la jornada escolar.
“… convendría que la Junta Local acordara y propusiera al Ayuntamiento se buscasen dos locales para graduar dicha escuela y que desaparezca el sistema de escuela unitaria por anticuado…”
            Como se desprende de lo anterior, también en San Fernando se pedía la graduación en las escuelas existentes. Esto era así desde que, por Real Decreto de 1900, los asuntos educativos van a llevar a la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, poniéndose al frente del mismo Antonio García Alix[2], quien pretende una serie de reformas que el Conde Romanones continuará. Las reformas consistían entre otras innovaciones: asegurar el sueldo a los docentes pasándolo a dependencia directa del Estado, con anterioridad el sueldo lo pagaba el mismo Ayuntamiento; la construcción de nuevos edificios para la educación y el tema que nos ocupa,; la graduación escolar como medida para eliminar la escuela unitaria[3].

            Pero sigamos con el informe del inspector:

“…la escuela de niños Nuestra Señora del Carmen, aunque tampoco reúne condiciones, es mejor que la de San José, precisando hacer algunas reparaciones en su tabique medianero. También ha de buscarse otro local para su graduación…”

            Tampoco la recién construida escuela de San Servando y San German y Santa Teresa[4], única emplazada en un local propio, específico para educación y, además graduada se libraba de puntos negros:

“…la escuela graduada S. Servando y S. Germán, se queja su director Enrique Jiménez Cuenca, de ser imposible la enseñanza porque el ruido que se produce al explicar los maestros se confunden por la resonancia de la voz y esto podría evitarse elevando los tabiques hasta el techo para que no resuene la voz…La escuela de niñas de Santa Teresa de Jesús dirigida por Amparo Peláez, procede también graduarla, separando el local con tabiques hasta el techo para que no resuene la voz, pudiendo utilizar para ello varias maderas procedente del cementerio, que posee el Ayuntamiento, según manifiesta la maestra.

            En el informe también se solicitaba al Consistorio la necesidad de graduar las otras escuela públicas: la escuela de niñas Ntra. Sra. del Carmen y la de Ntra. Sra. de las Mercedes, dirigidas por Carmen Macías y Luisa Campos, respectivamente.

            Ya se ha comentado que la falta de asistencia a clase del alumnado era más bien escasa, de esto también se ocupaba el informe que ponía como motivo de la abstención: la falta de alimento de la población escolar de la escuela pública, así como el excesivo número de escuelas privadas. De esto último volvía a incidir el inspector en su informe:

“…”…la mayoría de ellas(escuelas privadas) ni reúnen condiciones los locales ni sus maestros tienen títulos. Existe una treintena de escuelas privadas y he visitado la mayoría de ellas haciendo saber a sus directores que se pongan en condiciones legales en el plazo de un mes.

            En el próximo artículo del blog narraremos la respuesta del Ayuntamiento al escrito del inspector, así como el estado real del local donde se encontraba la escuela de los franciscanos que ni siquiera era mencionado en el oficio.






[1] Páez Fernández, M Crónicas de Educación.1992. pp.60-61
[2] Antonio García Alix (Murcia28 de agosto de 1852 - Madrid29 de noviembre de 1911) fue un abogado y político español. Fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y ministro de Hacienda y ministro de dGobernación durante el reinado de Alfonso XIII.
[4] Esta escuelas estaban en el mismo edificio situado en la Placilla Vieja

viernes, 5 de abril de 2013


            En el artículo anterior comentábamos que la primera escuela en solicitar la graduación sería la de San Servando y San Germán. En efecto, el maestro Enrique Jiménez Cuenca pediría al Ayuntamiento el cambio; sin embargo, éste implicaban una serie de gastos para adaptar el local a la nueva situación, por ejemplo el levantamiento de tres muros para crear tres espacios, así como tres tarimas para los maestros, tres puertas…gastos que se presupuestaron en dos mil quinientas veintinueve pesetas. Una vez que se efectuaron las divisiones, el único salón de clase que existía se transformó en tres aulas de cincuenta y ocho metros cuadrados.

            Sin embargo, la modificación arrastraría un problema derivado de una mal ejecutada obra: las malas condiciones acústicas de las salas debido a que los muros de separación no llegaban hasta el techo. Este error tardaría muchos años en subsanarse, aún puede que vivan “abuelos” que recuerden esa disposición de las aula en el colegio Manuel Roldán.

            También se ha comentado que muchos niños y niñas de San Fernando asistían a escuelas privadas dado el déficit de colegios públicos. ¿En qué condiciones se encontraban los colegios privados? Para saberlo, podemos recurrir al informe que el Inspector había enviado a la Junta de Instrucción Primaria. Recordemos  por Decreto[1]  qué exigía  la Inspección, en los centros privados:

 vigilar las condiciones higiénicas de los locales e impedir cuanto sea contrario a la moral, Patria y a las leyes:”

             Pues bien, veamos resúmenes de algunos párrafos del escrito:

“En la visita girada a las escuelas privadas se ha visto con honda pena el pésimo material de la mayoría que no responde a las necesidades y adelantos de la ciencia de educar e instruir, sus locales carecen de volumen y forma que determina las instrucciones…”

            Estas instrucciones también estaban recogidas en un Decreto[2], pero continuemos con el oficio:

“… a ésto se agrega las circunstancias de las llamadas Amigas, en centros reducidos e infectos a cargo de personas casi analfabetas y anágrafas…”

            La Amiga era donde los niños y niñas recibían su primera experiencia escolar, el equivalente en la actualidad al segundo ciclo de Infantil o primer ciclo de Primaria La maestra era mayor y usaba el método individual para enseñar la lectura a la docena de niños y niñas que asistían. Además, los alumnos de la Amiga estudiaban el Catecismo y exposición breve de la doctrina cristiana, del padre Gerónimo Ripalda. En San Fernando han existido este tipo de "escuelas" hasta casi 1960

“…se comprenderá lo imperioso de evitar por deber y siquiera por caridad y filantropía, tan anormal situación, vigilando e impidiendo se convierta la enseñanza en puro mercantilismo y orígenes de gérmenes morbosos, de deformidades y de muerte moral y física…”

          Después de esta descripción, adornada por el lenguaje típico de le época, venían una recomendaciones:.

         “…se haga una investigación para precisar el número de escuelas no oficiales que hay en esta Ciudad, ordenando a los dependientes de su autoridad forme relación exacta de todas y reclamen a sus directores o encargados, dimensiones de los locales, nota del profesorado sus título a ecdémicos, matrícula y asistencia, gratuidad, pago mensual por plaza, carácter católico, laico o protestante del Centro y fecha de autorización[3]

          Por estas fechas y por cuestiones socioeconómicas, el absentismo escolar aumentaría en la escuela pública de la Isla, motivado por la necesidad de que el alumnado cambiase su función discente transformándola en laboral, aportando así unas pocas pesetas a la quebrada economía doméstica. Dos fueron los motivos:

          1º. Conflicto en el Arsenal de la Carraca, donde 200 obreros fueron despedidos[4].

          2º. Los pescadores se quejaban, mediante una huelga, del problema de la canalización del río hasta Gallineras. Se pedía la voladura de la barra de Sancti Petri, para dar más seguridad a la navegación.[5]

 



[1] Gaceta de Madrid. Real Decreto de tres de febrero de 1910
[2] Gaceta de Madrid. Real Decreto de 1 de julio de 1905
[3] Archivo Histórico Municipal. Acta de la Junta de Instrucción del 11 de noviembre de 1911
[4] Diario de Cádiz de 1913
[5] Heraldo de San Fernando del 4 de agosto de 1915