El 14 de diciembre de 1931, la Comisión de Instrucción
Pública, Beneficencia y Sanidad del Ayuntamiento de San Fernando presentaría un
informe[1] al
Cabildo sobre la Instrucción Pública en la Isla. En él se reflejaba el panorama
de las instituciones educativas:
…mientras que el Municipio no
atienda como es obligatorio a los problemas más urgentes y las necesidades
perentorias que crean la escasez de establecimientos docentes, precisa ayudar a
instituciones que llenen en parte este vacío que se deja sentir en la esfera
social; pero ello no significa mantener acuerdos perceptivos, o por lo menos a
largo plazo porque el Ayuntamiento
vulneraría el Código fundamental de la Nación y crearíase una responsabilidad
que no dejaría de ser sancionada…”
Este informe dejaba claro tres realidades: que San Fernando
no tenía el número de escuelas públicas que marcaba la legislación, que había
de continuar en servicio las escuelas confesionales existentes y que, en
efecto, el artículo 26.4 de la Constitución
prohibía ejercer la industria, el comercio y la enseñanza a las
confesiones religiosas[2].
Pero cómo vivieron los primeros momentos de la II
República las Confesiones Religiosas que se dedicaban a la enseñanza en San
Fernando.
Las monjas de la Compañía de María, como indica Manuela Urra
Olazabal[3],
pasaron los días siguientes a la proclamación de la República entre temores y sobresaltos, provocados por
el continuo tiroteo y los alborotos nocturnos en azoteas, calles y en la misma
huerta del convento. Se encargarían de la defensa del mismo, desde el 14 de
abril al 2 de junio, el Coronel Varela y su ayudante Junquera, marido de una
antigua alumna, con posterioridad a esa fecha sería la Guardia Civil la
encargada de la custodia.
La Ley de Confesiones
y Congregaciones Religiosa del 18 de mayo de 1933[4]
venía a ratificar la negación del derecho a impartir la enseñanza a los
religiosos y religiosas. Las monjas se defendieron, desde un año antes de
haberse promulgado la Ley, solicitando a las autoridades educativas la apertura
de un colegio de Primera Enseñanza en la calle Real 229 (antigua calle de la
República)[5]. Además
firmarían un contrato con la Sociedad de Amigos de la Enseñanza Libre (SADEL)[6]
para que la Compañía de María no figurase como colegio de enseñanza[7]regido
por religiosas.
|
Edificio
de la Compañía de María
|
En 1933 componían la Congregación treinta y seis
religiosas, tres con votos temporales y el resto perpetuos. Por la
documentación consultada[8] parece
que no hubo disminución en el número de alumnas.
Por otro lado, las H.H. Carmelitas de la Caridad,
popularmente Carmelitas, continuarían impartiendo la Instrucción Primaria a
pesar de la inestabilidad social y a algunos sobresaltos. Sin embargo los
acontecimientos políticos anteriores a la guerra civil y que desembocaron en la
Primavera Trágica[9],
recomendaría a las H.H. otra forma de proceder. Dado que tenían expresa
prohibición de impartir clases, buscaron el medio de que su tradicional
quehacer no desapareciera; para ello recurrieron a Dolores Román, maestra y
propietaria junto a su marido, Antonio Rodríguez, del comercio “Antigua casa
Tobías”[10],
que al prestar su título académico y en un local habilitado como escuela en la
calle Murillo, podeían así continuar la labor educativa de forma anónima y
camuflada.
Dolores Román antes de iniciar la jornada escolar iba al
convento por las llaves del local y acompañada por las Hermanas: Lucía Molina,
Petra de la Fuente, Ángeles Salguero, Nieves Peña y Mª Paz Argijo, que sin
hábitos, procedían a comenzar su tarea docente[11].
[2] Gaceta de Madrid de 10 de
diciembre de 1931. p.p. 1.578-1.588
[3] Urra Olazabal,M. Una apuesta arriesgada por la educación.
Isla de León-San Fernando 1760-2010. 2012. pp 145
[5] Concedida la autorización el 13
de febrero de 1934 y firmada por la inspectora Teresa Izquierdo.
[6]
La SADEL fue una iniciativa de la Confederación Católica de Padres de
Familia durante la 2ª República con el objetivo de fomentar y desarrollar la
enseñanza católica en España así como agrupar y dar cobertura legal a los
colegios regentados anteriormente por religiosos. A la altura de septiembre de
1934 abarcaba 52 colegios –de los cuales 34 eran internado– que daban enseñanza
a 16.318 alumnos
[8] Libro de
Premios de Fin de Curso: años 1933 a 1936
[9]
La Primavera Trágica es el nombre con el que se conoce al período
que lleva des del 16 de febrero del año 1936, momento en el cual la
coalición del Frente Popular sale victorioso de las elecciones y el 18 de julio
del mismo año con el alzamiento nacional. Dicho período es conocido por la
enorme inestabilidad,
[11] Testimonio oral recogido por el
autor gracias a la memoria de la fallecida Hermana Josefa Feliú, Hija adoptiva
de San Fernando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario