jueves, 3 de octubre de 2013

En la última entrada del blog comentábamos las consecuencias del laicismo escolar en la Compañía de María y Carmelitas, analizaremos ahora las mismas en el tercer colegio confesional de San Fernando: los Hermanos de la Doctrina Cristiana.
            La Comisión de Instrucción Pública, Beneficencia y Sanidad, recomendaría al Cabildo[1], dado de que existía un déficit de plazas escolares, bonificar la prestación del servicio que los H.H. de San Juan Bautista de la Salle hacían al pueblo de San Fernando, mientras no se construyeran locales para escolarizar al alumnado que, por no tener cabida en la aulas oficiales, recibían enseñanza por parte de esta entrañable Institución local
“…Primero: que por parte del Ayuntamiento se consigne en sus próximos presupuestos que han de regir durante 1932, la cantidad de mil doscientas cincuenta pesetas. Segundo: que la citada cantidad se libre por doceavas partes. Tercero: que por el Ayuntamiento se proceda con carácter urgentísimo a la construcción de una escuela que recoja a los niños de la citada institución ( H.H. de la Doctrina), que excedan del número de los que antes de ser concedida esa subvención recibían educación gratuita, cuyo excedente fue origen del actual auxilio económico, cesando inmediatamente que se lleve a cabo lo propuesto, la obligación de atender a ese establecimiento…”
            El Gobierno Central había concedido a San Fernando la construcción de cinco escuelas para paliar el déficit escolar y, de camino, cumplir con la Constitución. Pero como la financiación del proyecto escapaba a las posibilidades del Ayuntamiento, se propuso la instalación provisional de las citadas escuelas en el único colegio de propiedad municipal existente: la “Placilla Vieja”. De tal modo que en la misma se establecerían dos escuelas de niños y otras dos de niñas. Formándose la quinta, de párvulos, en un local de la calle Murillo.
            Para poderse llevar a cabo esta actuación se hacía necesario desalojar a los maestros de sus casas, adosadas en el mismo edificio, para transformarlas en aulas. Siempre se ha dicho que no hay situación más duradera que la provisional. Una vez más se cumpliría esto, hasta tal punto que en un pleno municipal[2] se diría:
“…Está tan completo (el edificio) que no se puede ni siquiera limpiar…”

            Pero lo más curioso es que la Institución Lasaliana continuaría recibiendo la subvención, eso sí, camuflada para no incumplir lo ordenado en la Carta Magna:

“…Se comprará por parte del Ayuntamiento los libros y el material escolar que los niños que recibían educación necesitaban, percibiéndolo por doceavas partes una comisión de padres de alumnos…”

            El tema de la subvención a los “Hermanitos” continuaría siendo motivo de polémica, como veremos en la próxima entrada del blog. Por cierto, el edificio del Colegio de los hermanos fue mansión del Marqués de Ureña y  ha tenido diversos usos a través de los años: en 1840 era Casa de Postas, también ha albergado: el Colegio de Pascua, donde el ingeniero Juan Carbó[3] impartía clases de dibujo hasta 1898, fecha en la que el edificio sería comprado por el Obispado, cede de la Academia de José de la Vega [4](lápida colocada en el edificio) y de la Academia de Música Santa Cecilia (planta alta).


[1] Sesión del  Cabildo de diciembre de 1931.
[2] Sesión del Cabildo del 12 de abril de 1933.
[3] Ingeniero industrial, agregado a los servicios municipales. Profesor del Colegio de Pascua (1825-1898). Director de la Academia para Capitanes y Maquinistas mercantes. Autor de los proyectos de abastecimiento de aguas y alcantarillado de la Ciudad (1886). A propuesta de la Comisión de Instrucción Pública se le concedió la Encomienda de Alfonso XII (1915).
[4] Síntesis de su biografía la recoge la lápida conmemorativa en la fachada del edificio de los H.H. de la Doctrina Cristiana “Gloria al sabio matemático cuyos méritos y virtudes son sobradamente conocidos en esta Ciudad”. El diario “La Voz de San Fernando” del 9 de septiembre de 1919 definía a José de la Vega como “obrero intelectual, elaborador de muchos prestigios.”cfr. Clavijo y Clavijo, S. La Ciudad de San Fernando: Historia y Espíritu.1961. pp 635-638.

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