La subvención que el
Ayuntamiento de San Fernando concedió a los HH de la Doctrina Cristiana
continuaba en 1932 (ver entrada anterior). Pero en el Pleno municipal que se
celebró el 17 de octubre se originaría un enfrentamiento entre los que eran partidarios
de anular la misma y los que abogaban por mantenerla.
“…que la Presidencia concrete su
posición, que está muy claro el acuerdo; los Hermanos tendrán subvención en
tanto tuvieran, por falta de escuelas, que mantener el ciento y pico de niños,
pero habiendo el Ayuntamiento instalado cinco escuela, debe cesar la obligación
y, por tanto la subvención…
Mientras por parte del secretario del Consejo Local de
Instrucción Primaria, Diego Berraquero Miril, se exponía:
“En
cumplimiento de mi deber debo informar del estado en que se haya el censo
escolar de San Fernando, en donde hay más de 15 ó 20 colegios clandestinos,
regidos por intrusos de la enseñanza[1],
pues ni siquiera tienen el título de maestro y, cuya población escolar
constituiría un problema al clausular las escuelas mencionadas, pues sería un
millar de niños que no podrían recibir instrucción por falta de escuelas y
profesores. Y en cuanto a los niños de los Hermanitos, sería no el ciento que
se habló sino muchísimos más que no podrían acomodarse en las cinco escuelas
formadas porque ya están sobrecargadas…En estas condiciones todo lo que
determinaría aumento de niños sin escolarizar sería pavoroso para San Fernando
cuyo Municipio está obligado a dar matriculación al hijo del `pobre que no puede
sufragar los gastos de la enseñanza…por tanto, ni puede no debe anularse ahora
esta partida del presupuesto, en beneficio de los niños pobres...”
La “Guerra Escolar” supuso un enfrentamiento entre dos
formas distintas de entender la libertad de enseñanza, Por un lado, el clero
opinaba:
“…Nadie puede negar que el padre
puede delegar la facultad de enseñar a sus hijos en el maestro; pero también,
y, por consecuencia se tendrá que aceptar que el padre habrá de depositar su
confianza en el que crea que se la merece. No admitir esta atribución es
pretexto de que al estado le corresponde la educación de los niños, es negar el
derecho natural que ha sido reconocido por todas las constituciones incluso por
las más modernas[2]…”
“… El proyecto (la Ley de
Congregaciones y Confecciones religiosas) es comedido y respetuoso. No hiere
sentimientos religiosos ni perjudica ninguna clase de creencias religiosas.
Acusa gran seriedad y demuestra el alto sentido de justicia y democracia que
guía a los hombres de la República para llevar a cabo la compleja labor de
estructurar las leyes del Código fundamental de la nueva España…”
De acuerdo con la ley[4],
cada Ayuntamiento debía crear una comisión que colaborara con el Ministerio
para adaptar la Ley de Congregaciones y Confecciones Religiosas en la
localidad. El 16 de junio de 1933 se crearía la de San Fernando. Estaba formada
por: Ángel Calatayud y Catalina Gerite, maestros, y por los concejales Diego
Berraquero y Manuel Caramé.
Estas comisiones tenían dos objetivos fundamentales:
tratar de buscar locales apropiados para sustituir la enseñanza confesional por
la laica y dotar, a las escuelas creadas, de maestros que serían adjudicados a
las mismas mediante cursillos de selección. Los objetivos eran consecuencia de
la ley de Congregaciones y Confesiones Religiosas y explicarían no solo la
habilitación de nuevos locales, alquilados por el Ayuntamiento como escuelas
sino también la construcción de un nuevo edificio para dar cabida a la segunda
escuela de propiedad municipal en la plaza de Quintanilla que, por cierto, ya
tenía nombre: Alejandro Lerroux[5].
[1]
Hay que recordar que la República se
propuso llenar las escuelas con los mejores maestros. Pero los docentes de la
época tenían una formación casi tan exigua como su salario. Se elaboró entonces
el Plan Profesional. La carrera
de Magisterio elevada a categoría universitaria dignificó la figura del
maestro. A los aspirantes se les exigió, desde entonces, tener completo el
bachillerato antes de matricularse en las Escuelas Normales, donde se enseñaba
pedagogía y había un último curso práctico pagado.(Nota del autor)
[2] Periódico La Información de
fecha 24 de octubre de 1931
[5] Acta de
la sesión del Cabildo del 26 de octubre de 1934
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