El Gobierno de España empieza a considerar, en estos
primeros años del siglo XX, que la instrucción de las clases populares debía de
estar más reguladas por la ley. En este sentido, firma un Decreto[1]
por el que se fija el número de escuelas que debían de tener las poblaciones en
el territorio nacional. A San Fernando le correspondía tener doce escuelas de
instrucción primaria de niños, igual número de colegios de niñas y dos escuelas superiores; cifras que, como
hemos descrito en el artículo del 18 de marzo, estaban bastante lejanas de la
realidad escolar isleña.
En 1902 la población de San Fernando sufriría una
profunda crisis económica debido a que una de sus industrias tradicionales, las
salinas, se declaró en huelga originado graves disturbios callejeros[2];
en el que resultaría herido, por cierto, un maestro auxiliar de escuela[3].
Debido a esta situación de penuria económica sobre todo entre las familias de
los niños y niñas usuarios de las escuelas públicas, el cabildo aprobaría por
unanimidad que el tradicional reparto de libros, como premio, a los alumnos más
destacados se sustituyera por ropas y zapatos.
Recurriremos a la Gaceta de Madrid[4]
para enterarnos de la estadística escolar en la Isla durante los primeros años
del siglo recién iniciado. La población escolar infantil de niños y niñas entre
seis y doce años en San Fernando era de cuatro mil sesenta y nueve que se
repartían de esta forma: tres mil cuatrocientos ochenta pertenecían al casco urbano,
quinientos veinticinco estaban diseminados por huertas y salinas, además de
sesenta y cuatro que pertenecían al núcleo dela Casería de Ossio. El número de
escuelas era de veinticinco, seis públicas y el resto privadas.
Es de suponer que San Fernando al igual que España estaba,
en cuanto a instituciones escolares, deficitarias a tenor del Decreto que
publicó la Gaceta de Madrid[5].
El preámbulo de la ley describía una situación grave dado de que no había
presupuesto para la construcción de las casi diez mil escuelas que se
necesitaban y daba como solución transformar las escuelas unitarias en
graduadas[6],
aumentando así el número de escuelas con el menor gasto posible.
En la Isla de León la primera escuela en solicitar el
cambio de unitaria a graduada sería la de San Servando y San Germán (Colegio de
la Placilla o Manuel Roldán). En el próximo artículo contaremos las vicisitudes de la transformación, así como el estado en que se encontraban las escuelas privadas de San Fernando.
[1] Órdenes aparecidas en la Gaceta
de Madrid de fecha 30 de diciembre de 1904.
[2] Hemeroteca del Diario de Cádiz.
Diario de Cádiz de febrero 1902
[3]
La
Ley Moyano no recogía la figura de los maestros auxiliares o ayudantes, pero
estos fueron apareciendo en las escuelas en las que la asistencia era muy
numerosa. Eran plazas de creación voluntaria por parte de los ayuntamientos. En
la mayoría de las escuelas públicas de la provincia no había auxiliares. Pero
durante la Restauración, el número de ayudantes en las escuelas públicas fue
elevado, no solo porque la asistencia fuera alta, sino porque las condiciones
de los locales obligaban a tener a los niños en varias habitaciones, hecho que
hacía necesaria la presencia de estos auxiliares.
[4] Gaceta de Madrid número 42 del
23 de febrero de 1910.
[5] Gaceta
de Madrid número 128 del 8 de mayo de 1910
[6] En las escuela cuya matrícula
excediera de setenta alumnos, se crearían tantas secciones como se pudiera, de
forma que cada una tuviera entre cuarenta y cincuenta alumnos

