viernes, 31 de mayo de 2013

            La crisis que atravesaba la sociedad española de 1917 no podía ser el escenario de una coherente política educativa en España y, consecuentemente, en San Fernando. En efecto, en el verano de 1917 en España, sucedieron tres desafíos simultáneos que hicieron peligrar al gobierno e incluso al mismo sistema de la Restauración: un movimiento militar (las Juntas de Defensa), un movimiento político (la Asamblea de Parlamentarios que tuvo lugar en Barcelona convocada por la Lliga Regionalista), y un movimiento social ( la huelga general revolucionaria). Este panorama era poco apto para la continuidad que la legislación en materia de educación necesita para su efectividad.
            El periodo inicial de la Dictadura de Primo de Rivera sería, incomprensiblemente, afín al espíritu liberal. Así se dictarían órdenes[1] por las que se daban treinta días de plazo a los colegios privados para que legalizaran su situación en cuestiones como la titulación adecuada a sus cuadros de profesores. Situación que tocaba directamente a los colegios confesionalmente católicos ya que los docentes de estos centros no tenían, en su mayor parte, regularizada su situación.
            El analfabetismo continuaba siendo un lastre en el desarrollo cultural de San Fernando, aunque poco se diferenciaba el número de individuos que no sabían leer ni escribir en esta Ciudad del que reflejaba tal situación a nivel nacional: el cuarenta y seis por ciento y el cincuenta y dos por ciento, respectivamente.[2]
            Uno de los soporte de la calidad de enseñanza, aparte del binomio docente-discente, es el local donde la enseñanza y el aprendizaje tiene lugar. San Fernando, como se ha visto en otros artículos del blog, tenía locales mal conservados y, en general, no aptos como centros de instrucción. Sin embargo era éste un panorama habitual en todo el territorio Nacional:
“…Mientras no haya maestros, pero muchos maestros dignamente retribuidos; eso sí, según sus merecimientos; y locales, pero muchos locales, baratos, limpios y aireados, y mientras no se gaste en ello muchísimo dinero, más dinero del que ahora se gasta, todo quedará lo mismo que está, aunque sigamos recreándonos con la música celestial de la enseñanza obligatoria…”[3] (estas palabras no son del 2013, pero las podía decir cualquier coetáneo)
            Aunque de forma lenta, desde que se creó en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, en 1920, la Oficina Técnica de Construcciones, se notaría una mayor preocupación por reducir el déficit de puestos escolares. Esa idea sería asumida por el Cabildo municipal de San Fernando y, sobre todo, por el Concejal y maestro Santiago Guillén García. De esta forma, llegaría a proponerse en 1925[4], por el edil mencionado la construcción de un nuevo grupo escolar. Tres años más tarde, en 1928, cuando el Ayuntamiento había presentado y discutido el proyecto[5] , se estimaría que debería construirse el grupo escolar porque:
“…Valorado en cuarenta mil pesetas, por tener tres secciones le corresponde la bonificación del Estado de treinta mil pesetas, haciendo constar que bien pudiera ser su valor  de treinta mil pesetas, si se logra el modelo único para la provincia, sin perjuicio de que pueda hacerse algo más lujoso conforme a las circunstancias económicas de que pueda disponerse en su día…”
            No sólo se discutiría el gasto económico que iba a ocasionar el nuevo grupo escolar, también se discutiría el lugar dónde se emplazaría. Se habló de dos lugares: la plaza de Quintanilla y la plaza del Castillo, prefiriéndose el primer lugar por la proximidad de la plaza del Castillo con las Escuelas de la Placilla (grupo escolar Manuel Roldán)[6].




[1] Real Orden de 25 de septiembre de 1923 por el que se restablecía el Real Decreto de 1 de junio de 1902, promulgado por Romanones.
[2] En esa misma época en Francia el porcentaje era del veintiséis
[3] Carbonell Sebarroja,J. Antología Pedagógica de Bartolomé Cossío p.p. 311-315
[4] Sesión del Cabildo del 13 de octubre de 1925
[5] Sesión del Cabildo del 12 de mayo de 1928
[6] Páez Fernández, M. Crónicas de Educación. 1992,  p.81

miércoles, 15 de mayo de 2013


            Cómo era la realidad social y económica de las familias de San Fernando, usuarias de la escuela pública, en los primeros años del siglo XX. Para ello recurriremos a las memorias anuales que los maestros enviaban a la Junta Local de Instrucción. Así describía la situación el maestro de la escuela de San Servando y San Germán (recordemos que era la escuela de niños ubicada en el edificio de la Placilla, barrio de la Pastora)[1].
“…El principal de los obstáculos para la enseñanza es la falta de alumnos. Sabido es que de tiempo inmemorial el proletariado y en general las familias menos acomodadas son las que envían a susu hijos a las escuelas municipales de esta Ciudad. El padre que puede desprenderse de cinco céntimos diarios para la escuela de su hijo, generalmente no lo envía a la de “balde”…”
            De la misma forma se expresaba la maestra de la escuela de Nuestra señora de las Mercedes:
“…La falta de asistencia, la pobreza, el abandono y la ignorancia. Contra la ignorancia y el abandono de las familias puede el maestro en sus relaciones con ella ser antorcha luminosa que las guíe. Contra la pobreza las cantinas escolares hablarían de manera muy decisiva, atrayendo muchos niños a la escuela…”
            Las cantinas escolares eran una pretensión del magisterio local. Pero, recordemos que era la cantina escolar:
            La cantina escolar que había surgido en Europa a finales del siglo XIX, no se materializa en España hasta comienzos del XX:
            Las primeras cantinas la establecieron la Asociación de Caridad Escolar Madrileña en 1901 en la capital con el objeto de proporcionar alimento, ropa y calzado a los niños necesitados que asiduamente acudían a las escuelas públicas y, en cuanto era posible, medicinas a los enfermos y premios a los padres como incentivo para regularizar la asistencia escolar. Las cantinas se emplazaban en los barrios limítrofes más humildes de la ciudad, siendo atendidas por una cocinera y una maestra, encargadas de la dirección higiénica y pedagógica de los niños durante la comida y los recreos[2].
            Desde que fue inaugurada la primera cantina hasta finales de 1905, se proporcionaron a los niños más de 200.000 raciones. En los años siguientes se lograrían subvenciones por parte del estado y del municipio incrementándose los donativos particulares.
            Como se ha comentado en otros artículos, en los años siguientes, se asiste a una sucesión de medidas legislativas tendentes a regular la cantina escolar entre las que cabe mencionar el Real Decreto de 10 de Enero de 1907, que creó la Junta para el fomento de la educación nacional, entre cuyas responsabilidades figuran las “colonias y cantinas escolares” Dicha Junta, suprimida por Real Decreto de 18 de Noviembre de 1907, por el nuevo ministro de Instrucción Pública, dio paso en su lugar a la Junta Central de Primera Enseñanza cuyo objetivo entre otros era el de “fomentar el establecimiento de asociaciones protectoras de la infancia, cantinas, colonias de vacaciones”. Nació así la Junta Provincial de Protección a la Infancia (Ley del 31 de diciembre de 1908), que sería la encargada del sostenimiento moral y material de las cantinas escolares, ayudada con las suscripciones particulares, y con las subvenciones y donativos obtenidos.
            En años posteriores se experimenta un importante desarrollo de las cantinas. Las estadísticas de 1917, contemplan la existencia de 144 cantinas escolares en todo el país, sostenidas bien por fondos públicos, o iniciativas privadas[3].
            Aunque en su creación subyace una finalidad asistencial o benéfica: “proporcionar alimento sano a los escolares necesitados”, la cantina escolar debía cumplir también unos fines educativos;
  • Regularizar la asistencia  a la escuela,
  • Potenciar el efecto del ambiente escolar, disminuyendo el de la calle,
  • Fomentar la socialización entre los escolares,
  • Inculcar la práctica de normas de higiene,
  • Evitar la ingestión de alimentos fríos, transportados en dudosas condiciones higiénicas,
  • Mostrar los fundamentos de la higiene alimentaria que comprendería no sólo la costumbre de comer limpiamente, sino la elección de los alimentos, así como la vigilancia de la masticación y la bebida.
             No era la primera vez que se reclamaba esa institución en San Fernando, el maestro Jiménez Cuenca la pediría:
“…El remedio sería la cantina escolar que proporcionará en la escuela el indispensable alimento. Esta redentora obra podría quizás acometerse por iniciativa del Ayuntamiento y Junta de protección a la infancia; y si el intento fracasara podría ensayarse el desayuno escolar proyectado por el que suscribe, con fondos de la mutualidad…”
            Habían pasado ya veinte años del siglo XX y aún sonaban las palabras de Joaquín Costas:
“…Por muchos revoluciones que se fragüen, no se ha libertado a un pueblo de la opresión si no se le ha liberado de la miseria. El español no sabe todavía lo que es la libertad, porque padece hambre y tiene el estómago dependiente de ajenas despensas…”[4]
          Estas palabras impresas en 1924, posiblemente aún tengan vigencia en el siglo XXI.


[1] Páez Fernández, Manuel.  Crónicas de Educación.1992. p.p.73-74
[2] Caballero Treviño, María del Carmen, “De la cantina escolar al comedor escolar” [en línea]. Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa (CRIEME) de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria (España) [publicación seriada en línea]. N.º 6. Diciembre 2011.
[3] Caballero Treviño, María del Carmen, opus cit.
[4] Costa Joaquín. Reconstrucción y Europeización de España. 1924

jueves, 2 de mayo de 2013


            Cuantitativamente los locales de las escuelas públicas de San Fernando no presentaron modificación a lo largo de este periodo que analizamos. Con la graduación de las escuelas si se incrementaría el número de aulas habilitadas, sin embargo, la Ciudad aún era deficitaria en centros oficiales de enseñanza primaria. Consciente de ello era el cabildo que estudiaba todas las posibilidades económicas para la creación de nuevos grupos escolares. La oportunidad surgiría al amparo de un Real Decreto[1]. Éste concedía un crédito extraordinario de seiscientas mil pesetas, dividido en dos plazos, destinado primero a la construcción de un edificio para escuela, cuyo presupuesto no excediera de veinticinco mil pesetas. Fijaba, además, dos requisitos al Ayuntamiento que lo solicitara: debía facilitar un solar y anticipar una parte del total del presupuesto de la obra.
            Basándose en esta subvención del Gobierno, la Junta Local de Instrucción aportaría la idea de establecer un nuevo centro escolar en la plaza de Quintanilla.
“…Debe aprovecharse las facilidades que se obtienen y proporciona el Estado, ya por tratarse de mejoras en el importante ramo de la instrucción pública, ya porque significa la ocupación del personal obrero de la localidad, y ya también porque reportaría economías de alquileres de edificios que hoy se paga; y aparte de esto la imperiosa necesidad de un grupo de escuelas en el populoso barrio del Cristo, donde se propone su edificación…”
            En este barrio sólo estaba establecida la escuela privada del Cristo  que estaba dirigida por Eloísa Escaldón.
            Tuvieron que pasar varios años para que este proyecto se hiciera realidad con el nombre oficial de Grupo Escolar Alférez de Navío Varela y del que hablaremos cuando cronológicamente le corresponda.
            El éxito que alcanzó la graduación de la escuela de San Servando y San Germán motivaría al edil Baldomero Gutiérrez Alonso a estudiar la posibilidad de graduar todos los locales dedicados a la enseñanza de San Fernando. En un informe  que presentaría al Cabildo analizaba todas las ventajas que podían suponer este proyecto, sobre todo en lo referente al ahorro en las arcas del municipio. Según sus cálculos el erario se vería beneficiado en seis mil novecientas ochenta pesetas.
            San Fernando, en esta época, no escapaba de la situación que oscurecía el panorama en la economía del obrero cuyos hijos eran los usuarios de las escuelas públicas: inflación, encarecimiento de los productos básicos, disminución del poder adquisitivo de los salarios…, eran las características de la sociedad del momento y lo que llevaría al maestro Francisco Madrid Flores, tomando como ejemplo las Cajas escolares francesas[2], a pedir una subvención al Ayuntamiento para que sus alumnos pudieran comprarse ropa y calzado.
            Para terminar, hagamos un recuento de las escuelas que existían en San Fernando al terminar la primera década del siglo XX:
            Escuelas públicas: 9
            Escuelas particulares: 18
            Escuelas con el patrocinio de órdenes religiosas:
·        Hermanos de la Doctrina Cristiana (de niños)
·        Monjas de la Compañía de María (de niñas)
·        Carmelitas de la Caridad (de niñas)


[1] Real Decreto del 19 de octubre de 1916
[2] Estas Cajas, creadas en Francia por la Ley de 1867, existían en todos los municipios franceses y se dedicaban a conceder recompensa a los alumnos, distribuyendo socorro entre los menos favorecidos económicamente.