miércoles, 15 de mayo de 2013


            Cómo era la realidad social y económica de las familias de San Fernando, usuarias de la escuela pública, en los primeros años del siglo XX. Para ello recurriremos a las memorias anuales que los maestros enviaban a la Junta Local de Instrucción. Así describía la situación el maestro de la escuela de San Servando y San Germán (recordemos que era la escuela de niños ubicada en el edificio de la Placilla, barrio de la Pastora)[1].
“…El principal de los obstáculos para la enseñanza es la falta de alumnos. Sabido es que de tiempo inmemorial el proletariado y en general las familias menos acomodadas son las que envían a susu hijos a las escuelas municipales de esta Ciudad. El padre que puede desprenderse de cinco céntimos diarios para la escuela de su hijo, generalmente no lo envía a la de “balde”…”
            De la misma forma se expresaba la maestra de la escuela de Nuestra señora de las Mercedes:
“…La falta de asistencia, la pobreza, el abandono y la ignorancia. Contra la ignorancia y el abandono de las familias puede el maestro en sus relaciones con ella ser antorcha luminosa que las guíe. Contra la pobreza las cantinas escolares hablarían de manera muy decisiva, atrayendo muchos niños a la escuela…”
            Las cantinas escolares eran una pretensión del magisterio local. Pero, recordemos que era la cantina escolar:
            La cantina escolar que había surgido en Europa a finales del siglo XIX, no se materializa en España hasta comienzos del XX:
            Las primeras cantinas la establecieron la Asociación de Caridad Escolar Madrileña en 1901 en la capital con el objeto de proporcionar alimento, ropa y calzado a los niños necesitados que asiduamente acudían a las escuelas públicas y, en cuanto era posible, medicinas a los enfermos y premios a los padres como incentivo para regularizar la asistencia escolar. Las cantinas se emplazaban en los barrios limítrofes más humildes de la ciudad, siendo atendidas por una cocinera y una maestra, encargadas de la dirección higiénica y pedagógica de los niños durante la comida y los recreos[2].
            Desde que fue inaugurada la primera cantina hasta finales de 1905, se proporcionaron a los niños más de 200.000 raciones. En los años siguientes se lograrían subvenciones por parte del estado y del municipio incrementándose los donativos particulares.
            Como se ha comentado en otros artículos, en los años siguientes, se asiste a una sucesión de medidas legislativas tendentes a regular la cantina escolar entre las que cabe mencionar el Real Decreto de 10 de Enero de 1907, que creó la Junta para el fomento de la educación nacional, entre cuyas responsabilidades figuran las “colonias y cantinas escolares” Dicha Junta, suprimida por Real Decreto de 18 de Noviembre de 1907, por el nuevo ministro de Instrucción Pública, dio paso en su lugar a la Junta Central de Primera Enseñanza cuyo objetivo entre otros era el de “fomentar el establecimiento de asociaciones protectoras de la infancia, cantinas, colonias de vacaciones”. Nació así la Junta Provincial de Protección a la Infancia (Ley del 31 de diciembre de 1908), que sería la encargada del sostenimiento moral y material de las cantinas escolares, ayudada con las suscripciones particulares, y con las subvenciones y donativos obtenidos.
            En años posteriores se experimenta un importante desarrollo de las cantinas. Las estadísticas de 1917, contemplan la existencia de 144 cantinas escolares en todo el país, sostenidas bien por fondos públicos, o iniciativas privadas[3].
            Aunque en su creación subyace una finalidad asistencial o benéfica: “proporcionar alimento sano a los escolares necesitados”, la cantina escolar debía cumplir también unos fines educativos;
  • Regularizar la asistencia  a la escuela,
  • Potenciar el efecto del ambiente escolar, disminuyendo el de la calle,
  • Fomentar la socialización entre los escolares,
  • Inculcar la práctica de normas de higiene,
  • Evitar la ingestión de alimentos fríos, transportados en dudosas condiciones higiénicas,
  • Mostrar los fundamentos de la higiene alimentaria que comprendería no sólo la costumbre de comer limpiamente, sino la elección de los alimentos, así como la vigilancia de la masticación y la bebida.
             No era la primera vez que se reclamaba esa institución en San Fernando, el maestro Jiménez Cuenca la pediría:
“…El remedio sería la cantina escolar que proporcionará en la escuela el indispensable alimento. Esta redentora obra podría quizás acometerse por iniciativa del Ayuntamiento y Junta de protección a la infancia; y si el intento fracasara podría ensayarse el desayuno escolar proyectado por el que suscribe, con fondos de la mutualidad…”
            Habían pasado ya veinte años del siglo XX y aún sonaban las palabras de Joaquín Costas:
“…Por muchos revoluciones que se fragüen, no se ha libertado a un pueblo de la opresión si no se le ha liberado de la miseria. El español no sabe todavía lo que es la libertad, porque padece hambre y tiene el estómago dependiente de ajenas despensas…”[4]
          Estas palabras impresas en 1924, posiblemente aún tengan vigencia en el siglo XXI.


[1] Páez Fernández, Manuel.  Crónicas de Educación.1992. p.p.73-74
[2] Caballero Treviño, María del Carmen, “De la cantina escolar al comedor escolar” [en línea]. Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa (CRIEME) de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria (España) [publicación seriada en línea]. N.º 6. Diciembre 2011.
[3] Caballero Treviño, María del Carmen, opus cit.
[4] Costa Joaquín. Reconstrucción y Europeización de España. 1924

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