Cómo era la realidad social y económica de las familias
de San Fernando, usuarias de la escuela pública, en los primeros años del siglo
XX. Para ello recurriremos a las memorias anuales que los maestros enviaban a
la Junta Local de Instrucción. Así describía la situación el maestro de la
escuela de San Servando y San Germán (recordemos que era la escuela de niños
ubicada en el edificio de la Placilla, barrio de la Pastora)[1].
“…El principal de los obstáculos
para la enseñanza es la falta de alumnos. Sabido es que de tiempo inmemorial el
proletariado y en general las familias menos acomodadas son las que envían a
susu hijos a las escuelas municipales de esta Ciudad. El padre que puede
desprenderse de cinco céntimos diarios para la escuela de su hijo, generalmente
no lo envía a la de “balde”…”
De la misma forma se expresaba la maestra de la escuela
de Nuestra señora de las Mercedes:
“…La falta de asistencia, la
pobreza, el abandono y la ignorancia. Contra la ignorancia y el abandono de las
familias puede el maestro en sus relaciones con ella ser antorcha luminosa que
las guíe. Contra la pobreza las cantinas escolares hablarían de manera muy
decisiva, atrayendo muchos niños a la escuela…”
Las cantinas escolares eran una pretensión del magisterio
local. Pero, recordemos que era la cantina escolar:
La
cantina escolar que había surgido en Europa a finales del siglo XIX, no se
materializa en España hasta comienzos del XX:
Las
primeras cantinas la establecieron la Asociación de Caridad Escolar Madrileña
en 1901 en la capital con el objeto de proporcionar alimento, ropa y calzado a
los niños necesitados que asiduamente acudían a las escuelas públicas y, en
cuanto era posible, medicinas a los enfermos y premios a los padres como
incentivo para regularizar la asistencia escolar. Las cantinas se emplazaban en
los barrios limítrofes más humildes de la ciudad, siendo atendidas por una
cocinera y una maestra, encargadas de la dirección higiénica y pedagógica de
los niños durante la comida y los recreos[2].
Desde que fue inaugurada la primera
cantina hasta finales de 1905, se proporcionaron a los niños más de 200.000
raciones. En los años siguientes se lograrían subvenciones por parte del estado
y del municipio incrementándose los donativos particulares.
Como se ha comentado en otros
artículos, en los años siguientes, se asiste a una sucesión de medidas
legislativas tendentes a regular la cantina escolar entre las que cabe
mencionar el Real Decreto de 10 de Enero de 1907, que creó la Junta para el
fomento de la educación nacional, entre cuyas responsabilidades figuran las “colonias
y cantinas escolares” Dicha Junta, suprimida por Real Decreto de 18 de
Noviembre de 1907, por el nuevo ministro de Instrucción Pública, dio paso en su
lugar a la Junta Central de Primera Enseñanza cuyo objetivo entre otros era el
de “fomentar el establecimiento de asociaciones protectoras de la infancia,
cantinas, colonias de vacaciones”. Nació así la Junta Provincial de
Protección a la Infancia (Ley del 31 de diciembre de 1908), que sería la
encargada del sostenimiento moral y material de las cantinas escolares, ayudada
con las suscripciones particulares, y con las subvenciones y donativos
obtenidos.
En años posteriores se experimenta
un importante desarrollo de las cantinas. Las estadísticas de 1917, contemplan
la existencia de 144 cantinas escolares en todo el país, sostenidas bien por
fondos públicos, o iniciativas privadas[3].
Aunque en su creación subyace una
finalidad asistencial o benéfica: “proporcionar alimento sano a los
escolares necesitados”, la cantina escolar debía cumplir también unos fines
educativos;
- Regularizar la asistencia
a la escuela,
- Potenciar el efecto del
ambiente escolar, disminuyendo el de la calle,
- Fomentar la socialización entre
los escolares,
- Inculcar la práctica de normas
de higiene,
- Evitar la ingestión de
alimentos fríos, transportados en dudosas condiciones higiénicas,
- Mostrar los
fundamentos de la higiene alimentaria que comprendería no sólo la
costumbre de comer limpiamente, sino la elección de los alimentos, así
como la vigilancia de la masticación y la bebida.
No era la primera
vez que se reclamaba esa institución en San Fernando, el maestro Jiménez Cuenca
la pediría:
“…El remedio sería la cantina
escolar que proporcionará en la escuela el indispensable alimento. Esta redentora
obra podría quizás acometerse por iniciativa del Ayuntamiento y Junta de protección
a la infancia; y si el intento fracasara podría ensayarse el desayuno escolar
proyectado por el que suscribe, con fondos de la mutualidad…”
Habían pasado ya veinte años del siglo
XX y aún sonaban las palabras de Joaquín Costas:
“…Por muchos revoluciones que se
fragüen, no se ha libertado a un pueblo de la opresión si no se le ha liberado
de la miseria. El español no sabe todavía lo que es la libertad, porque padece
hambre y tiene el estómago dependiente de ajenas despensas…”[4]
Estas palabras impresas en 1924,
posiblemente aún tengan vigencia en el siglo XXI.
[1] Páez
Fernández, Manuel. Crónicas de
Educación.1992. p.p.73-74
[2] Caballero Treviño,
María del Carmen, “De la cantina escolar al comedor escolar” [en línea]. Cabás: Revista del Centro
de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa (CRIEME) de la
Consejería de
Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria (España) [publicación seriada en línea]. N.º 6. Diciembre
2011.
[4] Costa Joaquín. Reconstrucción y
Europeización de España. 1924

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