jueves, 31 de enero de 2013


PRIMERA ESCUELA DE ADULTOS EN SAN FERNANDO[1]
            El primer acontecimiento significativo en la historia de la educación de personas adultas la encontramos en el denominado  Informe Quintana, presentado a las Cortes de Cádiz en 1813. El Informe era el paso previo a una Ley  que contemplaba la educación de las mujeres. El rey Fernando VII truncó con su absolutismo todo elemento modernizador.
            El 20 de junio de 1821 se aprobó el Reglamento General de Instrucción. Por primera vez aparece el término educación de adultos. Posteriormente la ley de 9 de septiembre de 1857 o Ley Moyano, dictaminaría  las lecciones de los domingos o nocturnas para los adultos. En efecto,  en su art. 106, dictamina:  Igualmente fomentará el establecimiento de lecciones de noche o de domingo para los adultos cuya instrucción haya sido descuidada, o que quieran adelantar en conocimientos.
            En San Fernando se estableció la primera escuela de adultos en el colegio que regentaba Manuel Ortiz Montes. Estaba sostenida por el industrial gaditano Antonio de Zulueta. Sin embargo,  la quiebra del Banco de Cádiz[2] haría que el mecenas dejara de aportar fondos en diciembre de 1865, “…porque no podía seguir manteniendo los gastos…”. Aunque la escuela no dejaría de funcionar dado que el Ayuntamiento libraría ocho reales en calidad de gratificación adicional al maestro mencionado.


PRIMERA ESCUELA DE IDIOMAS EN SAN FERNANDO[3]
            En el año 1806, Pedro Acivelo Vega, solicitaba por medio de un escrito al Ayuntamiento, el establecimiento de una escuela para “ enseñar a leer, traducir, hablar y escribir la lengua francesa.”
            “ Pedro Acivelo Vega, residente en esta Isla con la debida veneración hago presente a V.S.S. como tengo tratado con D.. Raymundo Tadilla, Maestro de Primeras Letras de esta nuestra Villa, en poner en mi misma casa una escuela para enseñar a leer, traducir, hablar y escribir la lengua francesa por las Reglas Gramaticales, sin separarme de ningún modo de ellas, porque sin su observancias es imposible llegar a conseguir el aprenderlas en todas sus partes y siendo mi deseo complacer a este Ayuntamiento.
            A V.S.S. suplico, si es de su agrado, concederme la correspondiente licencia.
            Nuestra enseñanza no muestra perjuicio al público y si mucho beneficio, con particularidad a los que deseen emprender la carrera de Comercio.”
            Cualquier maestro que quisiera impartir clases debía de presentar tres personas que atestiguaran buen comportamiento del mismo. Esto era así desde el año 1774 en el que Carlos III instauró por normativa las condiciones que debían cumplir el maestro:
            “También presentarán o harán información de tres testigos, con indicación del Síndico Personero, ante la justicio del lugar de su domicilio, de su vida, costumbres y limpieza de sangre, a cuya continuación informará la misma justicia sobre las certezas de estas cualidades”.
            Pues bien, Estos tres testigos presentados serían: Gabriel Elías del Río, Ciriaco Pattez y el mismísimo Marqués de Ureña[4] que testificaría de esta manera en el mismo año de su muerte, 1806:
            “Conozco a D. Pedro Acivelo Vega hace veinticinco años, que ha vivido de su tráfico con su tienda de Mercaderías en el Puerto de Santa María hasta que por las calamidades del tiempo la pudo sostener y no ha llegado a mi noticias que haya tenido nota de hombre vago ni mal entendido y sí de haber becado sus medios de subsistir.”
            Con este testimonio dado por tan ilustre persona, cualquiera se negaba a darle el beneplácito a la escuela.





[1] Páez Fernández M. La Instrucción Pública en San Fernando: 1851-1891.1989. pág 26
[2] Ver http://www.numisma.es/Billetes/PROVINCIALES1.pdf
[3] Páez Fernández M. Crónicas de Educación.1992. pág 111-112
[4] Gaspar de Molina y Saldívar, Caballero de la Orden de Santiago, tercer marqués de Ureña y IV conde de Saucedilla (Cádiz, 9 de octubre de 1741 - 1806), arquitecto, ingeniero, pintor, poeta y viajero gaditano de la Ilustración.  Trazó en 1791 la planta del Real Observatorio Astronómico de la Armada en San Fernando (Cádiz). Dirigió también las obras de la Población militar de San Carlos.

1 comentario:

  1. La modernidad y el avance en la instrucción pública nunca han sido armas de Rey. Difícilmente podemos encontrar en la historia monárquica de la España borbónica algún atisbo de prosperidad para la nación y de quienes los habita. Bueno sí uno, Luis I que reinó sólo durante nueve meses.

    ResponderEliminar