PRIMERA ESCUELA DE ADULTOS EN
SAN FERNANDO[1]
El primer acontecimiento significativo en la historia de
la educación de personas adultas la encontramos en el
denominado Informe Quintana, presentado a las Cortes de Cádiz en
1813. El Informe era el paso previo a una Ley que contemplaba la
educación de las mujeres. El rey Fernando VII truncó con su absolutismo todo
elemento modernizador.
El 20 de junio de 1821 se aprobó el
Reglamento General de Instrucción. Por primera vez aparece el término educación
de adultos. Posteriormente la ley de 9 de septiembre de 1857 o Ley Moyano,
dictaminaría las lecciones de los domingos o nocturnas para los
adultos. En efecto, en su art. 106, dictamina: Igualmente
fomentará el establecimiento de lecciones de noche o de domingo para los
adultos cuya instrucción haya sido descuidada, o que quieran adelantar en conocimientos.
En San Fernando se estableció la primera escuela de
adultos en el colegio que regentaba Manuel Ortiz Montes. Estaba sostenida por
el industrial gaditano Antonio de Zulueta. Sin embargo, la quiebra del Banco de Cádiz[2] haría
que el mecenas dejara de aportar fondos en diciembre de 1865, “…porque no podía seguir manteniendo los
gastos…”. Aunque la escuela no dejaría de funcionar dado que el
Ayuntamiento libraría ocho reales en calidad de gratificación adicional al
maestro mencionado.
PRIMERA ESCUELA DE IDIOMAS EN
SAN FERNANDO[3]
En el año 1806, Pedro Acivelo Vega, solicitaba por medio
de un escrito al Ayuntamiento, el establecimiento de una escuela para “ enseñar a leer, traducir, hablar y escribir
la lengua francesa.”
“ Pedro Acivelo Vega, residente en
esta Isla con la debida veneración hago presente a V.S.S. como tengo tratado
con D.. Raymundo Tadilla, Maestro de Primeras Letras de esta nuestra Villa, en
poner en mi misma casa una escuela para enseñar a leer, traducir, hablar y escribir
la lengua francesa por las Reglas Gramaticales, sin separarme de ningún modo de
ellas, porque sin su observancias es imposible llegar a conseguir el
aprenderlas en todas sus partes y siendo mi deseo complacer a este
Ayuntamiento.
A V.S.S. suplico, si es de su
agrado, concederme la correspondiente licencia.
Nuestra enseñanza no muestra
perjuicio al público y si mucho beneficio, con particularidad a los que deseen
emprender la carrera de Comercio.”
Cualquier
maestro que quisiera impartir clases debía de presentar tres personas que
atestiguaran buen comportamiento del mismo. Esto era así desde el año 1774 en
el que Carlos III instauró por normativa las condiciones que debían cumplir el
maestro:
“También
presentarán o harán información de tres testigos, con indicación del Síndico
Personero, ante la justicio del lugar de su domicilio, de su vida, costumbres y
limpieza de sangre, a cuya continuación informará la misma justicia sobre las
certezas de estas cualidades”.
Pues bien, Estos
tres testigos presentados serían: Gabriel Elías del Río, Ciriaco Pattez y el
mismísimo Marqués de Ureña[4] que
testificaría de esta manera en el mismo año de su muerte, 1806:
“Conozco a D. Pedro Acivelo Vega
hace veinticinco años, que ha vivido de su tráfico con su tienda de Mercaderías
en el Puerto de Santa María hasta que por las calamidades del tiempo la pudo
sostener y no ha llegado a mi noticias que haya tenido nota de hombre vago ni
mal entendido y sí de haber becado sus medios de subsistir.”
Con este
testimonio dado por tan ilustre persona, cualquiera se negaba a darle el
beneplácito a la escuela.
[1] Páez
Fernández M. La Instrucción Pública en San Fernando: 1851-1891.1989. pág 26
[2] Ver http://www.numisma.es/Billetes/PROVINCIALES1.pdf
[3] Páez
Fernández M. Crónicas de Educación.1992. pág 111-112
[4] Gaspar de Molina y Saldívar, Caballero de la Orden de Santiago,
tercer marqués
de Ureña y
IV conde
de Saucedilla (Cádiz, 9 de octubre de 1741 - 1806), arquitecto, ingeniero, pintor, poeta y
viajero gaditano de la Ilustración. Trazó en
1791 la planta del Real Observatorio Astronómico de la
Armada en San
Fernando (Cádiz).
Dirigió también las obras de la Población militar de San Carlos.
La modernidad y el avance en la instrucción pública nunca han sido armas de Rey. Difícilmente podemos encontrar en la historia monárquica de la España borbónica algún atisbo de prosperidad para la nación y de quienes los habita. Bueno sí uno, Luis I que reinó sólo durante nueve meses.
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