viernes, 31 de mayo de 2013

            La crisis que atravesaba la sociedad española de 1917 no podía ser el escenario de una coherente política educativa en España y, consecuentemente, en San Fernando. En efecto, en el verano de 1917 en España, sucedieron tres desafíos simultáneos que hicieron peligrar al gobierno e incluso al mismo sistema de la Restauración: un movimiento militar (las Juntas de Defensa), un movimiento político (la Asamblea de Parlamentarios que tuvo lugar en Barcelona convocada por la Lliga Regionalista), y un movimiento social ( la huelga general revolucionaria). Este panorama era poco apto para la continuidad que la legislación en materia de educación necesita para su efectividad.
            El periodo inicial de la Dictadura de Primo de Rivera sería, incomprensiblemente, afín al espíritu liberal. Así se dictarían órdenes[1] por las que se daban treinta días de plazo a los colegios privados para que legalizaran su situación en cuestiones como la titulación adecuada a sus cuadros de profesores. Situación que tocaba directamente a los colegios confesionalmente católicos ya que los docentes de estos centros no tenían, en su mayor parte, regularizada su situación.
            El analfabetismo continuaba siendo un lastre en el desarrollo cultural de San Fernando, aunque poco se diferenciaba el número de individuos que no sabían leer ni escribir en esta Ciudad del que reflejaba tal situación a nivel nacional: el cuarenta y seis por ciento y el cincuenta y dos por ciento, respectivamente.[2]
            Uno de los soporte de la calidad de enseñanza, aparte del binomio docente-discente, es el local donde la enseñanza y el aprendizaje tiene lugar. San Fernando, como se ha visto en otros artículos del blog, tenía locales mal conservados y, en general, no aptos como centros de instrucción. Sin embargo era éste un panorama habitual en todo el territorio Nacional:
“…Mientras no haya maestros, pero muchos maestros dignamente retribuidos; eso sí, según sus merecimientos; y locales, pero muchos locales, baratos, limpios y aireados, y mientras no se gaste en ello muchísimo dinero, más dinero del que ahora se gasta, todo quedará lo mismo que está, aunque sigamos recreándonos con la música celestial de la enseñanza obligatoria…”[3] (estas palabras no son del 2013, pero las podía decir cualquier coetáneo)
            Aunque de forma lenta, desde que se creó en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, en 1920, la Oficina Técnica de Construcciones, se notaría una mayor preocupación por reducir el déficit de puestos escolares. Esa idea sería asumida por el Cabildo municipal de San Fernando y, sobre todo, por el Concejal y maestro Santiago Guillén García. De esta forma, llegaría a proponerse en 1925[4], por el edil mencionado la construcción de un nuevo grupo escolar. Tres años más tarde, en 1928, cuando el Ayuntamiento había presentado y discutido el proyecto[5] , se estimaría que debería construirse el grupo escolar porque:
“…Valorado en cuarenta mil pesetas, por tener tres secciones le corresponde la bonificación del Estado de treinta mil pesetas, haciendo constar que bien pudiera ser su valor  de treinta mil pesetas, si se logra el modelo único para la provincia, sin perjuicio de que pueda hacerse algo más lujoso conforme a las circunstancias económicas de que pueda disponerse en su día…”
            No sólo se discutiría el gasto económico que iba a ocasionar el nuevo grupo escolar, también se discutiría el lugar dónde se emplazaría. Se habló de dos lugares: la plaza de Quintanilla y la plaza del Castillo, prefiriéndose el primer lugar por la proximidad de la plaza del Castillo con las Escuelas de la Placilla (grupo escolar Manuel Roldán)[6].




[1] Real Orden de 25 de septiembre de 1923 por el que se restablecía el Real Decreto de 1 de junio de 1902, promulgado por Romanones.
[2] En esa misma época en Francia el porcentaje era del veintiséis
[3] Carbonell Sebarroja,J. Antología Pedagógica de Bartolomé Cossío p.p. 311-315
[4] Sesión del Cabildo del 13 de octubre de 1925
[5] Sesión del Cabildo del 12 de mayo de 1928
[6] Páez Fernández, M. Crónicas de Educación. 1992,  p.81

miércoles, 15 de mayo de 2013


            Cómo era la realidad social y económica de las familias de San Fernando, usuarias de la escuela pública, en los primeros años del siglo XX. Para ello recurriremos a las memorias anuales que los maestros enviaban a la Junta Local de Instrucción. Así describía la situación el maestro de la escuela de San Servando y San Germán (recordemos que era la escuela de niños ubicada en el edificio de la Placilla, barrio de la Pastora)[1].
“…El principal de los obstáculos para la enseñanza es la falta de alumnos. Sabido es que de tiempo inmemorial el proletariado y en general las familias menos acomodadas son las que envían a susu hijos a las escuelas municipales de esta Ciudad. El padre que puede desprenderse de cinco céntimos diarios para la escuela de su hijo, generalmente no lo envía a la de “balde”…”
            De la misma forma se expresaba la maestra de la escuela de Nuestra señora de las Mercedes:
“…La falta de asistencia, la pobreza, el abandono y la ignorancia. Contra la ignorancia y el abandono de las familias puede el maestro en sus relaciones con ella ser antorcha luminosa que las guíe. Contra la pobreza las cantinas escolares hablarían de manera muy decisiva, atrayendo muchos niños a la escuela…”
            Las cantinas escolares eran una pretensión del magisterio local. Pero, recordemos que era la cantina escolar:
            La cantina escolar que había surgido en Europa a finales del siglo XIX, no se materializa en España hasta comienzos del XX:
            Las primeras cantinas la establecieron la Asociación de Caridad Escolar Madrileña en 1901 en la capital con el objeto de proporcionar alimento, ropa y calzado a los niños necesitados que asiduamente acudían a las escuelas públicas y, en cuanto era posible, medicinas a los enfermos y premios a los padres como incentivo para regularizar la asistencia escolar. Las cantinas se emplazaban en los barrios limítrofes más humildes de la ciudad, siendo atendidas por una cocinera y una maestra, encargadas de la dirección higiénica y pedagógica de los niños durante la comida y los recreos[2].
            Desde que fue inaugurada la primera cantina hasta finales de 1905, se proporcionaron a los niños más de 200.000 raciones. En los años siguientes se lograrían subvenciones por parte del estado y del municipio incrementándose los donativos particulares.
            Como se ha comentado en otros artículos, en los años siguientes, se asiste a una sucesión de medidas legislativas tendentes a regular la cantina escolar entre las que cabe mencionar el Real Decreto de 10 de Enero de 1907, que creó la Junta para el fomento de la educación nacional, entre cuyas responsabilidades figuran las “colonias y cantinas escolares” Dicha Junta, suprimida por Real Decreto de 18 de Noviembre de 1907, por el nuevo ministro de Instrucción Pública, dio paso en su lugar a la Junta Central de Primera Enseñanza cuyo objetivo entre otros era el de “fomentar el establecimiento de asociaciones protectoras de la infancia, cantinas, colonias de vacaciones”. Nació así la Junta Provincial de Protección a la Infancia (Ley del 31 de diciembre de 1908), que sería la encargada del sostenimiento moral y material de las cantinas escolares, ayudada con las suscripciones particulares, y con las subvenciones y donativos obtenidos.
            En años posteriores se experimenta un importante desarrollo de las cantinas. Las estadísticas de 1917, contemplan la existencia de 144 cantinas escolares en todo el país, sostenidas bien por fondos públicos, o iniciativas privadas[3].
            Aunque en su creación subyace una finalidad asistencial o benéfica: “proporcionar alimento sano a los escolares necesitados”, la cantina escolar debía cumplir también unos fines educativos;
  • Regularizar la asistencia  a la escuela,
  • Potenciar el efecto del ambiente escolar, disminuyendo el de la calle,
  • Fomentar la socialización entre los escolares,
  • Inculcar la práctica de normas de higiene,
  • Evitar la ingestión de alimentos fríos, transportados en dudosas condiciones higiénicas,
  • Mostrar los fundamentos de la higiene alimentaria que comprendería no sólo la costumbre de comer limpiamente, sino la elección de los alimentos, así como la vigilancia de la masticación y la bebida.
             No era la primera vez que se reclamaba esa institución en San Fernando, el maestro Jiménez Cuenca la pediría:
“…El remedio sería la cantina escolar que proporcionará en la escuela el indispensable alimento. Esta redentora obra podría quizás acometerse por iniciativa del Ayuntamiento y Junta de protección a la infancia; y si el intento fracasara podría ensayarse el desayuno escolar proyectado por el que suscribe, con fondos de la mutualidad…”
            Habían pasado ya veinte años del siglo XX y aún sonaban las palabras de Joaquín Costas:
“…Por muchos revoluciones que se fragüen, no se ha libertado a un pueblo de la opresión si no se le ha liberado de la miseria. El español no sabe todavía lo que es la libertad, porque padece hambre y tiene el estómago dependiente de ajenas despensas…”[4]
          Estas palabras impresas en 1924, posiblemente aún tengan vigencia en el siglo XXI.


[1] Páez Fernández, Manuel.  Crónicas de Educación.1992. p.p.73-74
[2] Caballero Treviño, María del Carmen, “De la cantina escolar al comedor escolar” [en línea]. Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa (CRIEME) de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria (España) [publicación seriada en línea]. N.º 6. Diciembre 2011.
[3] Caballero Treviño, María del Carmen, opus cit.
[4] Costa Joaquín. Reconstrucción y Europeización de España. 1924

jueves, 2 de mayo de 2013


            Cuantitativamente los locales de las escuelas públicas de San Fernando no presentaron modificación a lo largo de este periodo que analizamos. Con la graduación de las escuelas si se incrementaría el número de aulas habilitadas, sin embargo, la Ciudad aún era deficitaria en centros oficiales de enseñanza primaria. Consciente de ello era el cabildo que estudiaba todas las posibilidades económicas para la creación de nuevos grupos escolares. La oportunidad surgiría al amparo de un Real Decreto[1]. Éste concedía un crédito extraordinario de seiscientas mil pesetas, dividido en dos plazos, destinado primero a la construcción de un edificio para escuela, cuyo presupuesto no excediera de veinticinco mil pesetas. Fijaba, además, dos requisitos al Ayuntamiento que lo solicitara: debía facilitar un solar y anticipar una parte del total del presupuesto de la obra.
            Basándose en esta subvención del Gobierno, la Junta Local de Instrucción aportaría la idea de establecer un nuevo centro escolar en la plaza de Quintanilla.
“…Debe aprovecharse las facilidades que se obtienen y proporciona el Estado, ya por tratarse de mejoras en el importante ramo de la instrucción pública, ya porque significa la ocupación del personal obrero de la localidad, y ya también porque reportaría economías de alquileres de edificios que hoy se paga; y aparte de esto la imperiosa necesidad de un grupo de escuelas en el populoso barrio del Cristo, donde se propone su edificación…”
            En este barrio sólo estaba establecida la escuela privada del Cristo  que estaba dirigida por Eloísa Escaldón.
            Tuvieron que pasar varios años para que este proyecto se hiciera realidad con el nombre oficial de Grupo Escolar Alférez de Navío Varela y del que hablaremos cuando cronológicamente le corresponda.
            El éxito que alcanzó la graduación de la escuela de San Servando y San Germán motivaría al edil Baldomero Gutiérrez Alonso a estudiar la posibilidad de graduar todos los locales dedicados a la enseñanza de San Fernando. En un informe  que presentaría al Cabildo analizaba todas las ventajas que podían suponer este proyecto, sobre todo en lo referente al ahorro en las arcas del municipio. Según sus cálculos el erario se vería beneficiado en seis mil novecientas ochenta pesetas.
            San Fernando, en esta época, no escapaba de la situación que oscurecía el panorama en la economía del obrero cuyos hijos eran los usuarios de las escuelas públicas: inflación, encarecimiento de los productos básicos, disminución del poder adquisitivo de los salarios…, eran las características de la sociedad del momento y lo que llevaría al maestro Francisco Madrid Flores, tomando como ejemplo las Cajas escolares francesas[2], a pedir una subvención al Ayuntamiento para que sus alumnos pudieran comprarse ropa y calzado.
            Para terminar, hagamos un recuento de las escuelas que existían en San Fernando al terminar la primera década del siglo XX:
            Escuelas públicas: 9
            Escuelas particulares: 18
            Escuelas con el patrocinio de órdenes religiosas:
·        Hermanos de la Doctrina Cristiana (de niños)
·        Monjas de la Compañía de María (de niñas)
·        Carmelitas de la Caridad (de niñas)


[1] Real Decreto del 19 de octubre de 1916
[2] Estas Cajas, creadas en Francia por la Ley de 1867, existían en todos los municipios franceses y se dedicaban a conceder recompensa a los alumnos, distribuyendo socorro entre los menos favorecidos económicamente.

lunes, 22 de abril de 2013


Hemos analizado como se encontraban las escuelas públicas de San Fernando en los primeros años del siglo XX, según el informe del inspector,[1]. Cuando la Junta Local de Instrucción recibió el mencionado informe la réplica de su presidente José Cellier Ortega, sería inmediata:
“… las escuelas no están bien pero no con el pesimismo que manifiesta el señor inspector…Respecto a lo manifestado de la escuela de San José no se puede estar conforme con lo dicho pues los excusados tienen cónicos sinfónicos y poniéndole una mampara que tape el cristal queda bien… En cuanto que no asisten niños a las escuelas públicas porque van a las privadas no se puede estar conforme con el parecer del señor inspector. A las escuelas públicas van los niños, algunos descalzos y otros hasta sin camisa. A las privadas no van ninguno de esta forma y los padres que tienen medios para ello no creen conveniente o no lo estiman oportuno que sus hijo asistan a las públicas donde asisten los otros niños…”
            Sin embargo, a la Junta no le extrañaría el informe de la escuela de los Franciscanos[2] porque Manuel Terrones, maestro que la regentaba  había enviado previamente y por escrito la situación de la misma:
“El local dedicado a la escuela carece  de las más elementales condiciones higiénicas reclamadas a los edificios escolares por los pedagogos más exigentes. Tratase de un local sombrío, casi lóbrego, rodeado de altas paredes que impiden la llegada a la escuela de los rayos de sol; totalmente desprovisto de patios que pudieran utilizarse para el recreo de los pequeños alumnos, estrictamente reducido a un salón largo y estrecho de ventilación insuficiente, en el que me veo obligado a retener a un centenar de niños durante largas horas…”.
            Desde luego el panorama de las escuelas públicas de San Fernando en esta época era de lo más desalentador. No obstante, se reacciona tratando de paliar un problema que, sin duda, dolía a la sociedad isleña y que había descrito José Cellier en su contestación al inspector cuando mencionaba que a la escuela pública van los niños, algunos descalzos y otros hasta sin camisa. En efecto, se funda la Mutualidad. Era una sociedad que la constituía de una parte, niños o jóvenes alumnos y, de otra, personas adultas que con su dinero, trabajo o influencia contribuían al fomento de las instituciones de enseñanza.
            El acto  fundacional de la Mutualidad se realizaría en el Teatro de las Cortes el nueve de febrero de 1915[3]. Su presidente era el Presbítero D. Pedro González y su vicepresidente el  maestro Enrique Jiménez Cuenca.
            Entre los fines de la Mutualidad estaban:
Fundar cantinas escolares donde hallen indispensable alimento corporal los niños, que por su extrema pobreza, dejan de asistir a clase, privándose así del pan espiritual de la educación e instrucción porque la ley de la necesidad corporal, mas imperiosa que la que establece la enseñanza obligatoria, los impele a buscar el sustento material fuera de la escuela; y colonias escolares de vacaciones cuyo fin es procurar la regeneración de la raza `por la cultura física y la vida colegiada de los niños pobres y raquíticos en `pleno campo o en salutíferas playas durante las vacaciones escolares.
            Además concedía bonificaciones pecuniarias a los niños que se distinguían por su comportamiento o por su perseverancia en asistir a la escuela.[4]
            Esta Mutualidad estaba sujeta a las disposiciones legales vigentes en la época, en materia de Asociaciones y Seguros[5], y trató de llevar la justicia social a aquellos individuos menos favorecidos socialmente. Sería introducida en España por el Ministerio de Instrucción Pública después de haber tenido éxito en algunos países europeos como Francia, Bélgica o Alemania.



[1] Ver el  artículo del 15 de abril.
[2] Recordamos que esta escuela había dejado de pertenecer a la Orden religiosa y era ya un local de propiedad municipal.
[3] La reseña apareció en el Correo de Cádiz del 10 de febrero.
[4] Páez Fernández M, Crónicas de Educación. 1992, pp. 64-65
[5] Real Decreto del Ministerio de Instrucción Pública de 7 de julio de 1911. Reglamento aprobado por orden del propio Ministerio de fecha 11 de mayo de 1912.

lunes, 15 de abril de 2013


            En el artículo anterior comentamos el estado en el que se encontraban las escuelas privadas en San Fernando en los primeros años del siglo XX. Veamos en éste como estaban las públicas y para ello, también analizaremos el oficio que el inspector de educación Antonio Ballesteros envió a la Junta de Instrucción Primaria de la Ciudad[1].
“…el local que ocupa la escuela de niños de San José no reúne las condiciones higiénicas, como se ha podido observar, pues los retretes están dentro de la clase y con las calores pueden dar lugar a enfermedades que se deben evitar…”
            Me pregunto cómo el maestro, Santiago Díaz Escolar que así se llamaba, era capaz de impartir la docencia con los sonidos escatológicos que necesariamente habría durante la jornada escolar.
“… convendría que la Junta Local acordara y propusiera al Ayuntamiento se buscasen dos locales para graduar dicha escuela y que desaparezca el sistema de escuela unitaria por anticuado…”
            Como se desprende de lo anterior, también en San Fernando se pedía la graduación en las escuelas existentes. Esto era así desde que, por Real Decreto de 1900, los asuntos educativos van a llevar a la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, poniéndose al frente del mismo Antonio García Alix[2], quien pretende una serie de reformas que el Conde Romanones continuará. Las reformas consistían entre otras innovaciones: asegurar el sueldo a los docentes pasándolo a dependencia directa del Estado, con anterioridad el sueldo lo pagaba el mismo Ayuntamiento; la construcción de nuevos edificios para la educación y el tema que nos ocupa,; la graduación escolar como medida para eliminar la escuela unitaria[3].

            Pero sigamos con el informe del inspector:

“…la escuela de niños Nuestra Señora del Carmen, aunque tampoco reúne condiciones, es mejor que la de San José, precisando hacer algunas reparaciones en su tabique medianero. También ha de buscarse otro local para su graduación…”

            Tampoco la recién construida escuela de San Servando y San German y Santa Teresa[4], única emplazada en un local propio, específico para educación y, además graduada se libraba de puntos negros:

“…la escuela graduada S. Servando y S. Germán, se queja su director Enrique Jiménez Cuenca, de ser imposible la enseñanza porque el ruido que se produce al explicar los maestros se confunden por la resonancia de la voz y esto podría evitarse elevando los tabiques hasta el techo para que no resuene la voz…La escuela de niñas de Santa Teresa de Jesús dirigida por Amparo Peláez, procede también graduarla, separando el local con tabiques hasta el techo para que no resuene la voz, pudiendo utilizar para ello varias maderas procedente del cementerio, que posee el Ayuntamiento, según manifiesta la maestra.

            En el informe también se solicitaba al Consistorio la necesidad de graduar las otras escuela públicas: la escuela de niñas Ntra. Sra. del Carmen y la de Ntra. Sra. de las Mercedes, dirigidas por Carmen Macías y Luisa Campos, respectivamente.

            Ya se ha comentado que la falta de asistencia a clase del alumnado era más bien escasa, de esto también se ocupaba el informe que ponía como motivo de la abstención: la falta de alimento de la población escolar de la escuela pública, así como el excesivo número de escuelas privadas. De esto último volvía a incidir el inspector en su informe:

“…”…la mayoría de ellas(escuelas privadas) ni reúnen condiciones los locales ni sus maestros tienen títulos. Existe una treintena de escuelas privadas y he visitado la mayoría de ellas haciendo saber a sus directores que se pongan en condiciones legales en el plazo de un mes.

            En el próximo artículo del blog narraremos la respuesta del Ayuntamiento al escrito del inspector, así como el estado real del local donde se encontraba la escuela de los franciscanos que ni siquiera era mencionado en el oficio.






[1] Páez Fernández, M Crónicas de Educación.1992. pp.60-61
[2] Antonio García Alix (Murcia, 28 de agosto de 1852 - Madrid, 29 de noviembre de 1911) fue un abogado y político español. Fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y ministro de Hacienda y ministro de dGobernación durante el reinado de Alfonso XIII.
[4] Esta escuelas estaban en el mismo edificio situado en la Placilla Vieja

viernes, 5 de abril de 2013


            En el artículo anterior comentábamos que la primera escuela en solicitar la graduación sería la de San Servando y San Germán. En efecto, el maestro Enrique Jiménez Cuenca pediría al Ayuntamiento el cambio; sin embargo, éste implicaban una serie de gastos para adaptar el local a la nueva situación, por ejemplo el levantamiento de tres muros para crear tres espacios, así como tres tarimas para los maestros, tres puertas…gastos que se presupuestaron en dos mil quinientas veintinueve pesetas. Una vez que se efectuaron las divisiones, el único salón de clase que existía se transformó en tres aulas de cincuenta y ocho metros cuadrados.

            Sin embargo, la modificación arrastraría un problema derivado de una mal ejecutada obra: las malas condiciones acústicas de las salas debido a que los muros de separación no llegaban hasta el techo. Este error tardaría muchos años en subsanarse, aún puede que vivan “abuelos” que recuerden esa disposición de las aula en el colegio Manuel Roldán.

            También se ha comentado que muchos niños y niñas de San Fernando asistían a escuelas privadas dado el déficit de colegios públicos. ¿En qué condiciones se encontraban los colegios privados? Para saberlo, podemos recurrir al informe que el Inspector había enviado a la Junta de Instrucción Primaria. Recordemos  por Decreto[1]  qué exigía  la Inspección, en los centros privados:

 “vigilar las condiciones higiénicas de los locales e impedir cuanto sea contrario a la moral, Patria y a las leyes:”

             Pues bien, veamos resúmenes de algunos párrafos del escrito:

“En la visita girada a las escuelas privadas se ha visto con honda pena el pésimo material de la mayoría que no responde a las necesidades y adelantos de la ciencia de educar e instruir, sus locales carecen de volumen y forma que determina las instrucciones…”

            Estas instrucciones también estaban recogidas en un Decreto[2], pero continuemos con el oficio:

“… a ésto se agrega las circunstancias de las llamadas Amigas, en centros reducidos e infectos a cargo de personas casi analfabetas y anágrafas…”

            La Amiga era donde los niños y niñas recibían su primera experiencia escolar, el equivalente en la actualidad al segundo ciclo de Infantil o primer ciclo de Primaria La maestra era mayor y usaba el método individual para enseñar la lectura a la docena de niños y niñas que asistían. Además, los alumnos de la Amiga estudiaban el Catecismo y exposición breve de la doctrina cristiana, del padre Gerónimo Ripalda. En San Fernando han existido este tipo de "escuelas" hasta casi 1960

“…se comprenderá lo imperioso de evitar por deber y siquiera por caridad y filantropía, tan anormal situación, vigilando e impidiendo se convierta la enseñanza en puro mercantilismo y orígenes de gérmenes morbosos, de deformidades y de muerte moral y física…”

          Después de esta descripción, adornada por el lenguaje típico de le época, venían una recomendaciones:.

         “…se haga una investigación para precisar el número de escuelas no oficiales que hay en esta Ciudad, ordenando a los dependientes de su autoridad forme relación exacta de todas y reclamen a sus directores o encargados, dimensiones de los locales, nota del profesorado sus título a ecdémicos, matrícula y asistencia, gratuidad, pago mensual por plaza, carácter católico, laico o protestante del Centro y fecha de autorización[3]…

          Por estas fechas y por cuestiones socioeconómicas, el absentismo escolar aumentaría en la escuela pública de la Isla, motivado por la necesidad de que el alumnado cambiase su función discente transformándola en laboral, aportando así unas pocas pesetas a la quebrada economía doméstica. Dos fueron los motivos:

          1º. Conflicto en el Arsenal de la Carraca, donde 200 obreros fueron despedidos[4].

          2º. Los pescadores se quejaban, mediante una huelga, del problema de la canalización del río hasta Gallineras. Se pedía la voladura de la barra de Sancti Petri, para dar más seguridad a la navegación.[5]

 



[1] Gaceta de Madrid. Real Decreto de tres de febrero de 1910
[2] Gaceta de Madrid. Real Decreto de 1 de julio de 1905
[3] Archivo Histórico Municipal. Acta de la Junta de Instrucción del 11 de noviembre de 1911
[4] Diario de Cádiz de 1913
[5] Heraldo de San Fernando del 4 de agosto de 1915